#IntercorpInclusivo: El reto de las videollamadas

Ines Evaristo Chiyong, Directora de Tecnologías para el Aprendizaje de la UTP, quien nos cuenta, desde su experiencia personal a ser más inclusivos y no avergonzarnos de nuestras diferencias.

July 3, 2020

Hace más de 100 días empezó el trabajo remoto y cada día transcurrido ha reafirmado mi diferencia y discapacidad. A mis 43 años, pensé tener resueltos los principales retos de mi hipoacusia moderada, apoyada por la tecnología para ser totalmente eficiente y activando todos mis sentidos para comprender los mensajes.

Por ejemplo, uso traductor para los mensajes de voz por WhatsApp, amo - y necesito los subtítulos, y siempre llego temprano a las reuniones para sentarme en una posición estratégica. Tipeo con los 10 dedos sin ver y gracias a esa capacidad desarrollada, puedo responder por texto tan rápido como en una llamada (bueno no tanto, pero lo hago bastante bien). También invierto en audífonos que regulan muchas cosas, pero nunca voy a escuchar como una persona normal.  

Pero llegó el COVID-19 y me puso a prueba con algo que me daba pánico: ¡la videollamada! Para ser franca, no hacía videollamada ni con mi familia cercana, porque la sincronía entre el movimiento de los labios y el audio no se da a la perfección y quería evitar esa frustración.

En las primeras videollamadas de trabajo sudé frío y pensé en estrategias porque nuevamente tuve que comentarles y/o recordarles que tengo hipoacusia y que por favor prendan sus cámaras (cosa que no suelen hacer, por ancho de banda, por comodidad o porque todo funciona bien así ¿y para qué cambiar?). También tuve que pedirles que enfoquen su rostro, específicamente sus labios, para tratar de comprenderlos mejor. Pude percibir por sus gestos que mi pedido de prender sus cámaras les incomodaba – por lo menos en el trabajo (se acomodaron el cabello, los lentes, la ropa). Fue difícil, incómodo, en ese momento sentí que volví a tener 15 años cuando me dijeron que tenía esta condición, y la odié y me cuestioné, ¿por qué a mí? ¡no quiero ser diferente!

El asunto es que, no basta con un solo mensaje, cada nueva persona, cada nueva videollamada (que es la nueva forma de trabajo ahora) era volver a decirles amablemente que soy “diferente” y que por favor prendan su cámara.

Nunca había necesitado ir a grupos de sordos. No soy sorda total, y con mucha vergüenza afirmo que no manejo el lenguaje de señas. A pesar de que nunca lo necesité, llevé algunas clases de lecturas de labios hace mucho tiempo, pero sabía que no era la única con esta angustia.

Fue entonces que descubrí la maravilla de las redes sociales, líderes de sordos me presentaron nuevas herramientas de traducción en vivo que están haciendo mi vida más fácil en este reto. En las conferencias uso el https://webcaptioner.com/ para PC y si tenemos un celular uso el http://www.livecaptionapp.com/ .  

¿Esto es suficiente? Nunca. Tuve que invertir en unos parlantes y un micrófono externo para que las aplicaciones funcionen mejor. Si la señal de internet se cae o se vuelve lenta, también afecta a estas aplicaciones y si no vocalizan bien, ¡me muero de risa con las cosas que entiende el robot! Pero algo es algo, me permite una mejor comprensión, salgo más contenta y participo más. Si bien soy la misma Inés del mundo presencial, aún sigo en esa búsqueda de poder mostrarme totalmente así en virtual.  

Este es mi escritorio ahora (esas palabras escritas con fondo negro son los aplicativos de traducción en vivo, uso dos a la vez: ¡el celular con plan de datos y web con wifi! )


Hoy reafirmo que tengo una discapacidad, no puedo hacer una tarea tan normal para ti como la videollamada sin necesidad de apoyos adicionales. Es una afirmación fuerte, y los fantasmas cuando uno es diferente vuelven: ¿no sirvo para el puesto? ¿qué pensarán mis jefes? ¿mi organización entenderá estos apoyos adicionales? ¿no le estaré complicando la existencia a mi equipo en esta época de estrés extremo?

Felizmente por ahora, abogando mucho por mí, he logrado identificar que mi entorno no solo es diverso, sino también abierto a la inclusión. Con Jonathan, mi jefe, quien aceptó conocerme hace 06 años sabiendo mi condición, conversamos siempre por WhatsApp, me apoya con resúmenes por los chats de las video llamadas y me aclara -con mucha empatía- cuando pierdo el hilo de la conversación. De igual forma siento el respaldo y tolerancia de mi equipo con sus cámaras prendidas desde el primer día y mis compañeros ya “hablan” de web captioner (algunos lo han probado), y me entienden cuando les pido: “por WhatsApp por favor”. De esta forma se va haciendo una bola de nieve la diversidad. Tolerancia hay, el gran reto es aceptar y apreciar esta diversidad, que responderá a las angustias de las personas con algún tipo de diferencia.

Creo que faltan muchas cosas por construir, me encantaría que no asumamos que “cómo yo funciono es lo normal”, me encantaría que cuando participen todos prendan sus cámaras, vocalicen mejor. La semana pasada, en una reunión, con el CEO incluido, me armé de valor nuevamente y pedí dos minutos para hacer un “encuadre para los calls”. No veía el rostro de nadie, no sé qué estarían pensando, ¡qué atrevimiento!, pero al final todo es positivo, creo que, además de mis competencias laborales y personales; tener a alguien diferente a uno, enriquece en todo sentido. Te hace ver el mundo desde otros lentes; pero, al fin y al cabo, dar esos pasos depende de cada uno.

Inés.

PD. Si tienes alguna condición física, emocional, cognitiva diferente, que no te de vergüenza, aboga por ti mismo. Cada llamada en la que participo, para mi es una pequeña suma a la inclusión. Porque todos somos diversos, seguramente, pero aún no totalmente inclusivos. Escríbeme si necesitas ayuda.

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Diversidad

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